sábado, 20 de agosto de 2011

puertas de entrada

Epílogo- Hoy descubrí las cajas son siempre accesibles por aquel que le cueste olvidarlas.
Aquella noche significó el comienzo del cambio, pero... ¿Que pasó la mañana siguiente? ¿Cómo olvidar toda una vida de costumbres y dar paso a nuevas sensaciones? Los hombres y mujeres de esta era habíamos sido siempre muy abiertos a tener nuevas experiencias, viajar, conocer, comenzar y abandonar. ¿Que nos pasaba ahora? Quizás era el hecho de que: ¿era diferente? ¿Que ya no podríamos volver?. No existía esa seguridad de saber que nos esperaba un calido abrigodespués de un día frío, o una buena ducha después de jugar en el barro. Estábamos enfrentando esta nueva era sin manual. Sólo con nuestro instinto...

Puentes-
Parecía imposible creer. Lo que más recuerdo es el ruido, el incesante ruido de ráfagas, relámpagos y truenos, zumbidos.. las intranquilas bombas de color estallaban irregularmente en la gris neblina. Al parecer estaba decidido a pelear la batalla. Pero el cambio era evidente, la raza humana realmente estaba dando un paso hacia delante, deseosa de que quizás un día despierte y vea lagos y ríos, montañas y bosques; árboles, cientos de miles de árboles, salvajes, montados unos sobre otros, sin bordes ni límites, abstentes de toda amenaza. Que despierte y descubra que ambas cargas vuelven a encontrarse para instalar un merecido equilibrio.
Se estaba cerrando un ciclo y abriendo otro. La era del “YO” daba lugar al “TODOS” y ocurría esa misma noche; habíamos visto nuestras vidas reflejadas en aquel estallido de colores sobre aquella espesa manta gris.
Y fue ahi cuando comenzamos a hacer memoria, a mirar para atras. Era una mirada retrospectiva, cómo cuando alguien recuerda una situación ya superada. Encontrando pequeñas historias envueltas por otras mas grandes (intenando recordarlas como lo fueron, piedras en el camino y destacando que cada una de ellas cambio la visión del mismo). Estas historias eran los microciclos de nuestras vidas: habíamos estado en peleas eternas con padres, malas relaciones amorosas, distanciamiento de amigos muy cercanos, y hasta la muerte. A ella también la habíamos encerrado dentro de una caja que mucho tiempo atrás habríamos de esconder dentro nuestro. Allí permanecerían todas las cajas almacenadas, acompañandonos toda la vida desde distintos rincónes, escondidas, en lugares donde luego no pudiésemos encontrarlas, así, quizás, sería más fácil olvidarlas
Había percibido una extraña sensación de esperanza cuando descubrí que la niebla era necesaria, esta enorme nube nos daba el consuelo de que cuando las cosas parecen ser blancas o negras, frías o cálidas, hay un camino al cual acudir: gris y pesado, difícil, eso sí. Lo que se veía a través de ese gris resplandor era casi indescifrable, sin embargo, nos estaba dando la oportunidad de oír las bombas y truenos; nuestras bombas y nuestros truenos.
Todas las condiciones se daban para poder cada uno despojarse de sus creencias y pensar… Tener un respiro del mundo tal cual lo conocemos y escapar de todo concepto e idea. ¿Encontrarse? Girar la cabeza y preguntarse si no era esa una mejor visión del mundo, donde los árboles se suspendían de costado y las olas rompían en paredes invisibles de agua. ¿No era quizá esta la forma correcta de ver?